lunes 19 de noviembre de 2007
Intento escribir un poema para ti y para mí, un poema que describa nuestro amor, y no encuentro los versos. Busco en el diccionario las palabras exactas y ninguna quiere hablarme. Pido ayuda al Parnaso, pero el viento frío no me deja escuchar los susurros de las musas.
Entonces intento escribir un cuento, una historia de amor como la que vivimos ese verano.
¿Cómo contarla? ¿Por dónde empezar? ¿Por tu dulce y firme insistencia? ¿O por una de las noches en el Red Roof Inn?
¿Cuántas fueron? Oh Dios, sólo cuatro. Aquella primera, como olvidarla.
...South Street, desvergonzada, se tendía a nuestros pies. Las vitrinas, tentadoras, nos detenían. Una chica rubia, muy joven, pedía dinero a los transeúntes. “Para drogas”, aseguras. Unos hermanos improvisan en una esquina, los bares comienzan a llenarse, la gente aprovecha los últimos días de buen tiempo e invaden las terrazas de las cafeterías, hacen filas para entrar al mejor restaurante de toda la calle. Los rayos del sol ya no caen a nuestras espaldas.
Elegimos Johnny Rockets para comer y me dejas escoger la canción que sonará en la vellonera.
“ Baby, baby, I’m aware of where you go each time you leave my door I watch you walk down the street knowing your other love you’ll meet. But this time before you run to her Leaving me alone and hurt…”.
Mientras comemos me das una pequeña cátedra de moral, todo a causa de una chica muy joven que, a pesar de que la temperatura ya ha comenzado a bajar, va vestida con piezas muy cortas, casi desnuda. Aseguras que una hija tuya nunca saldrá vestida así a la calle y de paso me preguntas por qué yo creo que no eres un hombre duro, capaz de imponer su posición. Quisiera decirte que no dudo que tengas tu carácter, pero para mi es imposible no verte como el hombre que no podía disimular del todo sus nervios en la primera cita, aquella primera cita, hoy tan lejos, a orillas de una playa.
La noche va muriendo y South Street se llena de vida. Recorremos las calles de la ciudad, dejamos atrás Camden…
No, hoy no tengo palabras para contar nuestra historia. Tendré que irme a la cama sin escribirla. Pero antes te llamó. Hablamos un rato y despiertas en mi ese gusanillo que se esconde bajo mi alma y que de a ratos me susurra “esto es lo que debe pasar”. Le doy un beso al Teddy Bear que me acompaña desde que ya no estamos juntos y me sumerjo en las páginas de The Hours, pensando que tal vez nunca escribiré nuestra historia.
4 comentarios:
Es real?
Para escribir sobre algo que sentimos o que nos a pasado hay muchas formas y la que en esta entrada has usado es una de ellas. Felicidades por el blog.
Nodalia, yes, it is real.
Hola
César, gracias por tu visita y tus comentarios.
No creo que exista otra forma mejor de contarla. Yo no la entendería.
Abrazos mujer
Sigue bien
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