Triunfo
miércoles 22 de octubre de 2008
La primera vez que la escuché hablar de aquel animal extraño que la acechaba en la casa, cuando estaba sola, lo hizo una madrugada, entre sueños. Me alarmó tanto el miedo que expresaba en su voz que una vez despierta le prometí que si, que al día siguiente revisaríamos toda la casa. No encontramos nada. Ella insistía que cuando estaba sola veía a aquel animal pasearse por los pasillos del hogar. Hubo una segunda inspección, sin ningún resultado. Ella seguía insistiendo. Contra su voluntad visitamos un sicólogo. El diagnóstico fue aplastante. La llevé el domingo a la clínica recomendada. El vacio de su mirada me dio entonces la razón, había hecho lo correcto. Al llegar a casa, esa noche, lo vi. Arrastraba su cuerpo peludo lenta y pesadamente, con pasos envanecidos, orgullosos, triunfantes.
7 comentarios:
Oh, qué interesante este microrelato, Marie. Me gusta ese final. Sin que lo describieras, imaginé ese animal y su mirada triunfante.
Abrazos.
No me gustan mucho los microrelatos, pero cuando quedan bien escritos tienen ese efecto inmediato, como una bala. Este me gusta.
Hola Rosa, para mi siempre es un placer tenerte de visita por estos lados. También te envio abrazos, cargados de un poco de frío.
Víctor, que te guste este microrelato para mi es un halago, creo que ya te lo dije en tu blog, me gusta mucho como escribes. Gracias por tu visita.
ah muy bueno siguelo!!
Miedos que perduran en el silencio...
:]
Crees que el miedo es contagioso??
Si...verdad? ^^
Querida María, está genial.
Nosotros nos criamos entre galipotes y bacás. Así que cuando se nos aparecen en las noches (qué curioso, sólo en las noches en que venimos de la tradición o del palacio de la esquizofrenia) nos saludamos con abrazos de galleros y nos tratamos de compadres.
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