El amor en los tiempos de los OCD, las depresiones y los GPS

domingo 10 de enero de 2010

-Hola.

-¿Clara?

-¿Quién es?

-¿Dónde estás?

(Ella con voz de asombro).

-¿José?

-Si, soy yo.

(Ella con voz quebrada)

-Ay, José.

-¿Dónde estás?

-No puedo decirte.

-¿Cómo que no puedes decirme?

-Créeme, no puedo decirte.

-Me estás asustando Clara. Además tus cosas han desaparecido, alguien se las ha robado.

-Nadie se las ha robado José.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque las tengo yo.

-Pero, ¿qué ha pasado?

-Que te abandoné, ¿qué más podía haber pasado?

-¿Por qué? ¿Qué hice?

-No has hecho nada. Soy yo. Debía irme. Ya no soportaba el miedo.

-¿El miedo a qué?

-A que me abandonaras.

-¿Te fuiste porque tenías miedo de que te abandonara?

-No sabes lo que es vivir con la incertidumbre de si volverías a casa, con la certeza de que un día despertaría y ya no estarías a mi lado.

-Clara, pero te has llevado todo. Te llevaste hasta el efectivo que tenía en la casa.

-Es que tenía que echarle gasolina al auto.

-¿Tenías que echarle 700 dólares de gasolina al auto?

-Es que me voy a México.

-¿A México?

-Si, a México.

-No entiendo nada.

-Es mejor así. No hay nada que entender. Perdona, no era mi intención hacerte daño... ¿Qué fue ese ruido mi amor?

-He derramado sin querer la taza de café, con la noticia que me acabas de dar hasta las fuerzas he perdido... Espera un momento, voy a buscar el mapo.

-No lo busques José, también me he traído el mapo.

-¿Te has llevado el mapo?

-Y también el Windex y el Clorox y las toallitas desinfectantes. ¿Con qué piensas que voy a limpiar los moteles donde voy a dormir mientras viajo a México? Ya sabes que no puedo dormir en ningún sitio que no haya limpiado yo.

-Pero Clara, ¿por qué no me dijiste que querías abandonarme? ¿Por qué irte así?

-Es que lo decidí esta mañana.

-¿Esta mañana?

(Ella empieza a llorar)

-No llores mi amor, junto le buscaremos una solución a todo esto.

-Ay José, José, tenía tanto miendo.

-¿Pero miedo de qué, mujer?

-Ya te lo he dicho, de que me abandonaras, de que te fueras con otra, de que me pusieras los cuernos, de todo José, tenía miedo de todo.

-¿Y por eso te has largado cargando hasta con el gato?

-¿Teníamos un gato?

-Es una forma de hablar mujer. Claro que no teníamos ningún gato. Pero escúchame, yo nunca he tenido intenciones de abandonarte.

(Ella con voz de asombro)

-¿No?

-No. Si hasta aparté en la tienda la televisión que tanto querías.

-¿En serio hiciste eso mi amor?

-Por ti eso y más. Pero no he podido traerla hoy a casa porque no encontré mi tarjeta de crédito. Creo que la olvidé en el banco.

-¿José?

-¿Si?

-La tengo yo.

-Dios, mujer, ¿también te llevaste mi tarjeta de crédito?

-Ya te dije que tenía miedo.

-¿Y qué tiene que ver el miedo con la tarjeta de crédito?

-Tenía miedo de quedarme sin dinero y verme en una situación difícil, ya sabes, de esas que ponen a una contra la espada y la pared.

-A ver, ¿cómo cuál?

-Como tener que llamar a mamá para pedirle dinero. Si eso pasara entonces también tendría que contarle todo y ella terminaría diciéndome que siempre me lo dijo.

-¿Que te dijo qué?

-Que tú me abandonarías, que eres un desconsiderado, que nunca supiste como tratarme. Y yo no aguantaría escuchar a mamá hablando mal de ti, se me partiría el alma si me viera en esa situación.

(El en tono irónico).

-Hummm, ya entiendo.

-Ay José, no pienses mal de mí. No sabes como sufro. No me eches la culpa por favor, sabes que siempre he vivido con el trauma del abandono de mi padre.

-No te estoy echando la culpa mi amor. Sólo te estoy pidiendo que regreses. Además no metas a tu pobre padre en esto. Hace apenas cinco años que se divorció de tu madre. Y tú ni siquiera vivías con ellos cuando eso pasó.

-Pero igual me dolió. ¿Qué, crees que soy una desarmada sin sentimientos a la que no le afectan los problemas de sus padres?

-No he dicho eso, mi amor. Vamos, regresa a casa, ya te dije que yo no tengo ninguna intención de abandonarte.

-Pero si regreso, ¿quién va a poner todas mis cosas en su lugar?

-Eso es lo de menos. Si no lo quieres hacer tú ya buscaremos a alguien que lo haga, no te preocupes mi amor.

-¿Y dejar que otra persona toque mis cosas? Jamás. ¿Ves? Esto no tiene solución. Creo que es mejor que siga mi viaje a México.

-¿Clara?

-¿Si?

-Te has olvidado el GPS.

(Ella llorando aún más fuerte)

-Ay José, ¿y ahora cómo llego a México?

-¿Por qué no regresas a casa y con calma hablamos sobre esto? ¿Si?

-Está bien. Pero ven a buscarme.

-No puedo.

-¿Cómo que no puedes?

-Es que se te olvidó que también te llevaste el auto?

-Upps. Ok. Pero antes de llegar a casa pasaré por el Dunkin', ya sabes que cuando me deprimo necesito algo dulce. ¿Te llevo almo mi amor?

-No, creo que por hoy ya he tenido suficiente.

2 comentarios:

Franklin P dijo...

Agridulce, agridulce. Como el cerdo que sirven los chinos de la Duarte después de pasar la México. Qué te digo, digno de un diálogo de Woody Allen.

Feliz regreso Marie.

Butterfly dijo...

Marie, se te extraña por aquí. Estas historias no se cuentan en FB. Vuelve, please y te compro algo en Dunkin'... :D

About This Blog

  © Blogger templates Newspaper by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP